SANTO DOMINGO.-En la escuela no fue un buen estudiante, repitió en tres ocasiones el quinto nivel de educación básica.

Por los constantes reclamos de su madre y con mucho esfuerzo llegó al octavo grado.

Sin embargo, como músico su coeficiente intelectual llegó al puntaje de genio.

Almacenaba en su cerebro cada nota musical que recibía de sus profesores e hizo de la música su familia y al día de hoy respira, vive, se levanta y se acuesta por ella, y al dormir, también sueña con notas musicales.

Crispín Fernández Minaya nació en Villa Vásquez el 20 de enero de 1946, hijo de José Fernández y Ramona Minaya.

El legado de su padre
Su padre falleció bastante joven, con apenas 28 años de edad.
Unos meses antes de morir les manifestó a sus dos hijos Kilvio y Crispín, que no los quería ver en parcelas trabajando forzados como agricultores, por lo que debían hacer otra cosa diferente a la de él.

Un día fue a la casa del profesor de música de la comunidad, Eduardo Cruz Acosta, quien era su amigo, y le dijo que se llevara a sus dos hijos para la academia y le enseñara ese oficio, pues no lo quería verlos como granjeros.

Se inicia en la música
Crispín tenía 7 y su hermano Kilvio 9 años cuando falleció su padre y el maestro Eduardo fue a buscarlos a los dos para cumplir el deseo de su amigo. Le puso un salario de 50 centavos a cada uno y, además de enseñarles a solfear, los ponía a repartir los papeles a los músicos de la banda municipal cuando esta ensayaba o tocaba para el pueblo.

Cuando iba por la lección número 30 del método Eslava, se decidió por la trompeta, pero el saxofonista Manuel Muñoz se fue a Manzanillo a tocar con la orquesta de esa comunidad y el maestro puso a Crispín a estudiar saxofón y a su hermano trompeta.

Como músico había empezado a destacarse, pero en la escuela era un desastre, pues pasaba de curso con las peores notas, mientras los profesores le reprochaban por sus malas calificaciones y repitió en tres ocasiones el quinto grado.

Estaba escrito que lo suyo no era la escuela, pero llegó al octavo grado del bachillerato y cree que pasaba de curso por ser hermano de una profesora, ya que estaba consciente de que era pésimo para ser un académico.

En 1967 fue llamado por Johnny Ventura para que tocar en El Combo Show, que requería de un saxofonista, donde se juntó con músicos famosos como Andrés García (La Rana), Sony Ovalles y otros.

Con esta orquesta grabó sus primeros temas como ‘Los algodones’, ‘Floriman’ y ‘El papelito blanco’. Ese año también viajó por primera vez a Nueva York y en 1969 hizo su segunda gira a con esa orquesta y decidió quedarse para seguir estudiando.

Desde esa época y hasta 1976 estudió en Lyn Olver en la escuela de música Jazz Mobile, Academia de Música de Nueva York y en el City College University, también en Nueva York. Fueron sus profesores Nick Rodríguez, Henry Slonik, Joe Allard, Mario Rivera, Roy Steven y Eddie Burfield. No solo se hizo saxofonista, sino que también estudió flauta y embocadura de trompeta. Además, domina la tambora, güira, guitarra y el piano.

Músico de Karen
A partir de 1983 entró el catálogo Karen para grabar el saxo en los temas del estudio que era dirigido por Ramón Orlando y conoció a su presidente, Bienvenido Rodríguez, quien solo lo quería para sus artistas.

– Crispín, yo quiero que tú seas saxofonista exclusivo de esta empresa, le dijo Bienvenido.

-No, maestro, si alguien me busca para tocar y grabar yo tengo que hacerlo. El pueblo se merece escuchar mi música en otros artistas, le respondió Crispín.

En 1986 Crispín Fernández entró a la orquesta Internacional de Ramón Orlando, en la que además de músico, participó como arreglista de varias canciones. Con Ramón grabó más de 100 merengues.

Ha trabjado con la Orquesta Sinfónica Nacional, Wilfrido Vargas, Tito Puente, Rafael Solano, Charlie Palmieri, Tito Rodríguez, Eddie Bastian, Charanga Ilusión, Carlos Alfredo Fatule, Dioni Fernández y muchos más.

Es el fundador y director del grupo experimental Licuado, con el cual lanzó los álbumes ‘Licuado Vol. 1’, ‘Licuado’ Vol. II’ y Licuado Vol. III’.

— Grabaciones
Su saxo será escuchado eternamente en los discos ‘Soplando’, ‘Mudanza y acarreo’ y ‘Ojalá que llueva café’, de Juan Luis Guerra; ‘Colegiala’ y ‘Me muero por ella’, ‘ La quiero a morir’, de Sergio Vargas, ‘El pócker del sabor’, del Conjunto Quisqueya y muchos otros álbumes.